EL MUERTO

Para M y M, por más de 20 años

FICCIÓN. 1

A tientas, busco la almohada extendiendo el brazo derecho y me cubro la cabeza con ella. Con tan poco control de mis movimientos, que consigo empujar la lámpara de la mesita junto a la cama y el vaso que no recuerdo si está o no vacío. La lámpara no está encendida y el vaso no está vacío, lo compruebo al incorporarme de la cama y sentir la alfombra mojada bajo mis pies.

El vecino me ha vuelto a despertar igual que hace tres días, con dos tiros. Tiene la incierta costumbre de disparar dos veces al aire cuando “detecta” alguna actividad sospechosa que pueda comprometer la seguridad de los colonos. Nadie sabe quien lo nombró vigilante o vengador anónimo. Nadie sabe por qué tiene armas. Yo habré cruzado un par de palabras con él alguna vez. No sale mucho, no es muy sociable. Ni yo tampoco. Le preguntaré a Sharon si sabe algo al respecto. Ella de todo se entera y le encanta comunicarlo, se lo solicites o no.

Este suburbio y sus encantadores alrededores comienzan a hartarme. Por supuesto, hace unos meses me hablaron maravillas de él, lo mejor de lo mejor de la ciudad, venga usted y viva rodeado de la sobria elegancia y un entorno natural. Ah! y el lago! Su pinche lago que tanto promocionan. En la vida me acercaría siquiera a tocarlo. Mercadotecnia pura de un estilo de vida que no cualquiera puede pagarse. Y varios incautos caímos.

Después encontraron al muerto.

Sharon, como siempre, fue la primera en enterarse. Adora el protagonismo y yo francamente no soporto eso. El aire de superioridad que siente que adquiere al estar metida en los asuntos de todo mundo. Sharon me trastorna, me confunde y sé que secretamente disfruta haciéndolo. Odio que se crea superior a mí. Sus estúpidos juegos mentales y su manipulación infantil.

Lo encontraron oscilando de derecha a izquierda y de regreso, colgado con un cinturón Ferragamo de la regadera de su habitación. Mármol italiano y toallas de algodón egipcio incluido, ¿O era mármol egipcio y algodón italiano? no recuerdo. Una más de las mil chingaderas sin importancia que se me van de la memoria. Paradójicamente , tampoco recuerdo cuando comencé a olvidar no selectivamente. Pero estoy seguro que desde que la conocí a ella. Cuando el muerto no importaba. Cuando los vecinos no disparaban al aire.

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