Dolores de cabeza

Como todos sabemos, hay veces que ni la situación económica ni la vida le dan para más a uno. Al respecto puedo decir que actualmente mi economía se encuentra más lesionada que de costumbre. Una semana después, ya que el pánico inicial de un robo comienza a disiparse, me ha caído el golpe de realidad de como fue que de un día para otro me quedé sin un solo objeto de valor en casa. Con esto en mente, y los neurotransmisores bastante desbalanceados por el déficit de sueño, tomé algunas decisiones relevantes. Para empezar, me cambiaría de casa y para seguir, me pondría a dieta.

Y aunque parezcan iniciativas muy diferentes entre sí, la realidad es que son completamente codependientes. Es muy evidente que no tengo dinero suficiente para mudarme y para comprar ropa nueva. Que no me apriete. Y esto no se trata de nuevas vibras y horizontes claros, si no de practicidad pura. No puedo vivir en un lugar donde la seguridad es mínima, y no puedo ponerme la ropa que ya no me entra.

Así es como he ido cayendo en el mundo de las inmobiliarias y de la cetosis. Como características en común, tengo que mencionar que ambas han prometido solucionar mis molestos actuales. Y también, ambas me están produciendo unos dolores de cabeza que son un encanto. Todo aquel que se ha mudado y todo aquel que ha intentado dejar los carbohidratos tiene una clara idea de a qué me refiero. Son dos situaciones indeseables pero que ahí va a meterse uno en ellas con la esperanza ciega de un mundo mejor.

Definitivamente todos nos hemos mudado, pero quizás no todos sepamos de que trata una dieta cetósica, o como se lleva. Yo no soy quien para hablar de nutrición, solo soy una triste gordita que quiere ser fit. O al menos que los pantalones dejen de ser lo único que se le marca en el abdomen. Básicamente la ketosis (en términos agringadous) consiste en disminuir drásticamente la ingesta de carbohidratos, moderar la de proteínas y aumentar la de grasas. Saludables claro, no se trata de comer chicharrones todo el día. De esta manera el metabolismo se modifica y empiezas a usar las grasas como fuente de energía, en lugar de los carbohidratos, transformándote así en una “máquina de quemar grasa” (eso decía el folleto).

Ignoro si me transformaré en una máquina de quemar grasa, pero al menos quiero dejar de ser una máquina de comer galletas. Eso ya sería un gran avance. Así que no puedo decepcionar al pollito de mi mamá, mi querido hermano, quien me motivó a hacer esta dieta por primera vez. Y quien por cierto tiene mas cuadros en la panza que el Louvre en las paredes.

La vida no es justa.

Hola cajas de cartón, cinta canela, aguacate y aceite de coco.

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