Flores de Bach

Para M y G, que siempre me salvan la vida

No hay que tenerle miedo a los antipsicóticos, dice M, mi psiquiatra. Hay que tenerle miedo a no tomarlos. No hay que tenerle miedo a la enfermedad mental, si no al hecho de andar por ahí suelto sin un diagnóstico y su respectivo tratamiento.

La historia de mi vida. La terapia y el consultorio del psiquiatra han sido una constante, hasta el punto en el que dejan de atemorizarte. Y aunque en nuestro país la salud mental o mejor digamos, la ENFERMEDAD MENTAL sigue siendo un tema escabroso, habemos varios que vamos por ahí luciendo nuestro diagnóstico con orgullo y bien apegados a nuestra medicación. Por que el problema no es estar loco, el problema es no tratarse. Yo por eso digo: “Sí, efectivamente, si quieres llamar loco al que va al psiquiatra entonces yo estoy bien loca. Pero me tomo mis medicinas y eso me hace una loca responsable”.

La sociedad es quien ha vuelto incómodo el término. Actualmente empieza a ser más aceptado ir al psicólogo, pero de medicamentos y el psiquiatra ni hablemos. Eso es de gente rara y perturbada, inadaptados, poco confiables, uy que miedo, ojalá nunca tenga a alguien así en mi familia. Yo me pregunto si se avergonzarán igual de tener diabetes o hipertiroidismo. No no que vergüenza que a alguno de mis familiares le dignostiquen lupus o asma. Seamos coherentes, si el páncreas, el riñón o la tiroides tienen derecho a enfermarse, el cerebro también ¿O no?

Y sí, el diagnóstico puede ser incómodo o impresionante. Puede hacernos sentir expuestos, vulnerables. Porque la primera respuesta de la sociedad ante los padecimientos psiquiátricos es convencernos de que no existen. “Es que eres muy enojón, te estresas mucho, cambia el chip, échale ganas, no te pongas así, cambia tu actitud, lo tienes todo. Ah y ni se te ocurra ir al psiquiatra por que eso es de locos y te darán mil medicamentos que te harán adicto y te pondrán en un falso estado de felicidad. Y los que toman terapia son débiles que no tienen la fuerza de voluntad para salir adelante solos. Y les encanta tirar el dinero”. Mejor enfrentar el problema bien en serio, tanto como paciente y como familiar. Nada de que avergonzarse y mucho por que luchar.

Yo por eso ando por ahí muy orgullosa con mi gotero de haldol en la bolsa. Mis flores de bach, por si me preguntan.

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