EL MUERTO

FICCIÓN. 2

Necesitaría volver un año atrás, para ordenar los (escasos) recuerdos.

Conocí a Sharon “gracias” a mi hermana menor. Nulo mi interés como grande la necedad de Ine. Odio que le digan “Ine”. Inés, se llama Inés. Me cuesta trabajo confiar, no no no, me cuesta trabajo tomar en serio a la gente menor que yo. Ignoro si Sharon es menor que yo, nunca se lo he preguntado. No soy yo el que hace las preguntas, a mí los asuntos de los demás no suelen importarme. Y cuando algo me resulta interesante, de cualquier forma termino olvidándolo. Así funciona recientemente.

Recuerdo perfectamente su mirada de desaprobación la primera vez que nos vimos, en un encuentro nada casual orquestado torpemente por mi hermana. Me pareció desagradable, fría. Su línea de presentación fue la siguiente: “Me molesta que la gente fume, huele mal”, mientras clavaba sus ojos grandes y cansados en mi cajetilla de Lucky Strike (it´s toasted) bien guardada en el bolsillo de mi chamarra.

Encantadora la chica ¿No?, parecía poco probable que tres meses después estuviera robándose descaradamente mis cigarrillos de los cajones de mi escritorio, cuando empezó con la manía de revisar mis cosas, de revolver mi cama, de interrogarme y acosarme.

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