RESISTENCIA

Me gusta escribir lo que pienso, pero también me gusta pensar lo que escribo. Reviso los textos antes de publicarlos o presentarlos. A veces una frase, una palabra, algo que sienta que puede mejorarse. No puedo hacer eso hoy. Hablo mucho mucho mucho de salud mental, de como debemos procurarla, estar informados, valorarla, apoyar, etc, etc. Con cada estado, cada foto, cada texto que publico, con que a una persona le sea de utilidad, le caiga en el momento en que lo necesitaba, o le ayude a acercarse y pedir apoyo; con eso siento que una buena parte de lo que hago tiene sentido. Pero casi nunca hablo de mí, de mi experiencia personal, de mis altas y bajas o de como he vivido y convivido con el padecimiento por tantos años. Quizás me da un poco de vergüenza o quizás no quiero aburrir a la gente.

Este texto sale en un momento difícil. Han sido días difíciles, ha sido un torbellino, una montaña rusa y un carrusel. Todo al mismo tiempo. Decidí escribirlo durante la crisis y lanzarlo así tal cual, sin releerlo siquiera. Disculpen las faltas de ortografía, sintaxis y gramática. Muchas veces me han preguntado como se siente, o que se siente estar mal, o una crisis o un episodio o algo así. Intentaré explicarlo.

Es domingo. Escribo esto desde la casa de mis padres, con un termo de agua y una taza de café al lado. El agua por que las medicinas dan mucha sed, el café por que es necesario, y de casa de mis padres por que en este momento mis doctores consideran que no debo estar sola. Es difícil y es muy tenue la línea entre sentirse acompañado y sentirse vigilado.

Las cosas ya se venían arrastrando desde hace tiempo, periodos malos, periodos buenos, modificaciones de tratamiento y todo lo que trae consigo una enfermedad crónica. Yo padezco trastorno bipolar tipo II desde los 15 años de edad probablemente. Desde niña tenía comportamientos extraños, así que quizás la edad de inicio no fueron los 15. Apenas llevo cinco años con un diagnóstico y un tratamiento bien llevado. El bipolar nunca va a consulta cuando trae toda la energía de la hipomanía, nadie va al doctor cuando se siente super bien. Buscas ayuda cuando estás deprimido, por lo que el diagnóstico suele confundirse.

Las cosas se complicaron el martes por la noche, no ocurrió nada excepcional. El estrés normal de la casa, la hija puberta, el trabajo. Ya tarde en la noche empecé a llorar inexplicablemente. Un llanto incontrolable y pensamientos paranoicos sin sentido: que todo estaba mal en mi vida, que nadie me querría en los momentos de crisis, voces, voces, voces, que el futuro era catastrófico, llanto, llanto. Después los ruidos, cada vez más fuertes y claros, y las sombras en la pared tan grandes y amenazantes. Y yo no sabía si era real o no por que no podía moverme de ahí, por que a donde fuera irían tras de mí. Hice lo que suelo hacer cuando mis pensamientos me generan este tipo de miedo (léase cuando tengo un brote psicótico): me cubrí con una cobija y me metí al closet. El hecho de sentirme abrazada por la tela y en un lugar obscuro me tranquiliza un poco en esos momentos.

En algún momento me quedé dormida. El miércoles fue un desastre. Dormir toda la mañana e irme a trabajar confundida y desorientada. Me quedé toda la tarde en el estacionamiento subterráneo del hospital llorando y dormitando. Un amigo me ayudó a conseguir clonazepam (el famoso rivotril) y me tomé unas gotas. Sentada esperando la cita con mi psicoanalista unas horas después. No recuerdo muy claramente. Llegué a la cita llorando y sin decir nada coherente, en eso momento no se ni a que se debía el llanto. Quería explicarle como me sentía, pero creo que era más que evidente. Ella se puso en contacto con mi otro psiquiatra, me mandaron a tomar una dosis mas fuerte de antipsicótico y a cita con mi otro psiquiatra. M me mandó que no trabajara por tres días.

Algo que me estresa mucho de mis crisis es hablarlo con mi familia. Comunicarles que me siento mal. Preocuparlos y no poder responder las preguntas que quisieran hacerme. Siempre trato de aguantar y no decirles. Y eso evidentemente no siempre funciona. Después de dormir toda la mañana del jueves decidí desobedecer e irme a trabajar, en mi afan de seguir con mi falsa normalidad. De las peores decisiones que pude haber tomado. Ni siquiera recuerdo bien que hice, solo que comí muchos dulces y que me sentía muy ansiosa. Salí a mi cita con G, mi otro psiquiatra, llorando todo el camino y haciendo un esfuerzo por concentrarme en manejar.

G siempre me tranquiliza, aunque no podía parar de llorar y sentía como un millón de ideas se apretaban dentro de mi cabeza. Ideas de muerte, las más peligrosas, ideas y planes de como llevarlo a cabo, ideas aún más peligrosas. G me recetó una dosis grande de lo que me gusta llamar como el rey de los antipsicóticos. Modificó un par de cosas más en el tratamiento y me mandó a casa derechita a hablar con mis papás. Prohibido estar sola. De no obedecer las indicaciones me internaría. Dos personas muy queridas se ofrecieron a ir por mi para llevarme casa, pero no quería que me vieran en este estado. Y como las amenazas a veces si funcionan, llegué a hablar con mi mamá, a explicarle con la mayor calma posible como estaba teniendo una crisis depresiva bastante de cuidado y como prácticamente tendría que cuidar de mi como un bebé.

Viernes. Dormí 20 horas, solo me levanté una vez al baño. Ni los recién nacidos duermen tanto. Desperté mareada, ni siquiera podía salir de mi cuarto. Creo que comí y ya era hora de tomarme los siguientes medicamentos, así que me dormí de nuevo. El sábado ya fue mejor, ya tengo recuerdos más firmes de ese día. Aun quería llorar pero ya no estaba tan ansiosa. Mi mamá ya había hablado con G y estaba más tranquila. Me bañé, por fin bajé al primer piso de mi casa. Dificultad para concentrarme, llanto, ansiedad a ratos. Me visitó una amiga muy querida. Como fue pasando el día fue mejorando la situación, mi situación. Me di cuenta de que tengo hambre todo el día y de que tiemblo ligeramente.

Hoy es domingo y sigo en pijama. He ayudado con varias cosas en la casa, hasta colgamos unos cuadros, también me hice el desayuno yo sola. La siguiente meta es acompañar a mi madre al super. No debo manejar ni estresarme jajajaja y tengo prohibido trabajar una semana. Es curioso como una madre profesionista y autosuficiente puede convertirse en alguien sumamente desválido por culpa de unos cuantos neurotransmisores. Y frustrante, mas que curios, frustrante.

Agradezco la preocupación de tantas personas queridas, sus ofertas de apoyo, su presencia, sus llamadas, sus mensajes. Me hacen sentir viva aun en los momentos que es difícil estarlo, cuando la vida parece solo una película mal enfocada. Ahora solo queda esperar a que los medicamentos sigan haciendo su efecto y mi cerebro rebelde vuelva a estar en paz.

Gracias por leerme.

Quisiera decir que todo está en la resiliencia. Pero en ocasiones lo único que nos queda es la resistencia.

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